Hace unos días se celebró la XVII Feria del Libro de Las Palmas de Gran Canaria y la mitad de Wendy Davies tuvo la suerte de asistir como autora (es decir, yo, Fátima Embark o Arsénico, como prefiráis llamarme. Ya sabéis que somos las chicas de los mil pseudónimos, jeje).
Supongo que para todos los que amamos la palabra escrita La Feria del Libro es un evento que no podemos perdernos, una oportunidad única para rodearnos de libros, para respirar nuevas historias, para acercarnos a conocer a nuevos autores y, en especial, para vivir toda la magia que siempre nos envuelve en soledad cuando nos adentramos en las páginas de un libro, pero junto a otras muchas personas que comparten nuestra afición. Es maravilloso, simplemente.
Jamás se me pasó por la cabeza que viviría todo esto desde el otro lado, que me sentaría a firmar, que otros lectores como yo se acercarían para decirme lo mucho que les habían gustado nuestras novelas. Me sentí muy pequeña, como Alicia, y a la misma vez muy grande, por vosotros. Me llena de felicidad descubrir que nuestras historias os llegan como nos han llegado a nosotras. Solo por eso merece la pena escribir. Sois vosotros la razón por la que estamos aquí, los que nos ayudáis a creer, los que construis un País de Maramás que cada vez se va haciendo más y más grande. Por eso, GRACIAS, aunque no sea suficiente, aunque sabemos que tardaremos una vida entera en agradecerlo, o incluso más.
Lo único que me impidió ser feliz del todo, lo que me hizo sentirme un poco trisfeliz, es el hecho de no haber tenido aquí a mi compi, al Peter de mis sueños, a mi Merche Murillo en la realidad, a mi Mai de las discusiones de besugas. Me consuela que no quede nada para la Feria del Libro de Madrid, donde volveremos a ser Wendy Davies al completo, al menos por unas horas.
Y como una imagen vale más que mil palabras, os dejamos por aquí algunas de las fotos, tanto de la firma del viernes 1 de mayo como de la presentación del sábado 2. Muchas gracias a todos los que estuvisteis presentes, gracias a los chic@s del grupo de wasap por ese maravilloso cartel que me regalaron y gracias a Jenni y a Guaci por hacerlo posible. Es uno de los regalos más maravillosos que me han hecho nunca.
Fotos de la firma en la caseta de Librería Sinopsis. Gracias a la librería por hacerme sentir en casa, otra vez.
Fotos de la presentación del sábado 2 de mayo, en la carpa de Bandama. Acompañada de Nisa Arce (autora de libros como Doce Campanadas o Las reglas del juego) y Rafael Ucero (autor de las ilustraciones que aparecen en Una estrella en mi jardín). ¡Mirad qué chulada de decorado!
Si tenéis más fotos, tanto de la firma como de la presentación, por favor, ¡pasadnos!
GRACIAS A TODOS POR ESTE DÍA TAN MARAVILLOSO.
































rtas y no soy capaz de dar con una que explique lo que ocurrió cuando a las diez de la mañana cuatrocientos desconocidos se abrazaban y besaban. Desconocidos muy conocidos, claro. Es extraño como alguien que nunca has visto o con quien no has intercambiado grandes conversaciones, se convierte en una extensión de ti. No importa quién seas ni de dónde vengas, solo donde sueñes. En libros, claro. Todos éramos literatura. Desconozco si formábamos parte de un libro o solo éramos un capítulo en el libro de alguien. Poco importa. La cuestión es que estábamos ahí, siendo literatura.
su aparición estelar y me lancé a sus brazos. La tengo pegada a la oreja (a lo Pepito Grillo) todo el santo día, pero tenía ganas de ella. De su sonrisa, de sus nervios y de su voz acelerada. Arse es una de esas personas que te hacen suma. Estuvimos un rato con
hablando mucho y contándonos secretos, y nos fuimos un rato a la pre-quedada donde no conocíamos a casi nadie, pero ahí estaba la preciosa
egó el día. 7 de junio. 9:30 de la mañana. Quedamos con



os que hubiera nadie más a quién firmarle. Era lo lógico. Pero olvidábamos algo. A vosotros. Sois muy grandes, enormes. Y nos disteis una sorpresa que jamás olvidaremos. Llegamos a la parte trasera de la caseta y vimos a dos chicas sentadas con el libro inundado de post-its. Les dimos muchos achuchones y en cuanto nos despistamos ya no estaban (fueron listas, las primeras de la cola). Se pasaron a saludarme mis tías de Madrid a las que no había visto nunca y cuando hablaba con ellas nos avisaron de que ya había gente esperando. Pensamos que la librera se había equivocado, pero no, a diez minutos de empezar ya había gente esperando. Salimos y empezó el epílogo del sueño. No estuvimos ni cinco míseros segundos sin firmar. Habían pasa
do unos minutos, o eso pensaba yo, cuando nos susurraron al oído que eran las nueve y media y que teníamos que ir acabando. Nos hicimos las remolonas un poco más, pero finalmente tuvimos que salir de la caseta para impedir una multa. Así que nada, no
s sentamos tras la caseta y seguimos firmando a los que quedaban. Nos trajeron un montón de marca páginas y regalitos. Parecíamos dos niñas pequeñas. Revoloteábamos.



Ingles y La Central. Nos encontramos con 







